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jueves, 1 de mayo de 2014

Material de Lectoescritura

Como ya vimos en la entrada anterior, a la hora de llevar a cabo la enseñanza de la lectoescritura se pueden seguir varios métodos, los recordamos:

  • Métodos de base sintética: trabajan de la síntesis al análisis, de las partes más pequeñas a las mayores por medio de la composición.
  • Métodos de base analítica: trabajan el análisis de los elementos desde los mayores a los menores, siempre parten de elementos lingüísticos significativos y utilizan la memorización y la asociación para conseguir la asimilación.
  • Métodos de base mixta: utilizan elementos y técnicas de los métodos analíticos y de los sintéticos, parten de elementos significativos y van continuamente del análisis a la síntesis y de la síntesis al análisis.


Pues bien, cada método sigue una ruta de asimilación. Los métodos sintéticos siguen una ruta a la que llamamos FONOLÓGICA, que digamos que se dedica a enseñar al cerebro a descodificar el código lingüístico. Y los métodos analíticos siguen una ruta llamada IDEOVISUAL O GLOBAL, que se dedica a captar significado a las palabras.

Cada uno de los métodos y sus correspondientes rutas tiene sus ventajas y sus inconvenientes:

VENTAJAS DE LOS MÉTODOS DE BASE SINTÉTICA

  • Intervienen procesos de memoria.
  • Son rápidos en sus resultados.
  • Le proporcionan autonomía al alumno porque puede identificar cualquier palabra al conocer sus componentes.


INCONVENIENTES DE LOS MÉTODOS DE BASE SINTÉTICA

  • Son poco motivadores si no se refuerzan con otras actividades y materiales.
  • No responden a la psicología del aprendizaje.
  • Favorecen el silabeo y la lectura mecánica.
  • El niño puede reconocer por sí solo los significantes, pero no los significados. 


VENTAJAS DE LOS MÉTODOS DE BASE ANALÍTICA

  • Se apoyan en principios evolutivos del niño.
  • Respetan el proceso natural de aprendizaje de las habilidades lectoescritoras.
  • Parten de formas de lenguaje con significación y del entorno de los niños.
  • Tienen en cuenta la motivación.
  • El aprendizaje es lúdico y divertido y no se hace monótono.
  • Fomentan la creatividad y la investigación.


INCONVENIENTES DE LOS MÉTODOS DE BASE ANALÍTICA

  • Aprendizaje lento comparado con los sintéticos.
  • Excesivo desarrollo de la percepción visual sobre la auditiva.
  • Dificultad del maestro para comprobar los intereses y necesidades de cada alumno.
  • Necesidad de una gran preparación metodológica por parte del maestro.
  • El niño no conoce el código escrito y no identifica palabras nuevas.


Como vemos, cada método tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Los niños deben aprender tanto el significado de las palabras como a reconocer cada una de las letras que las forman. Lo que ocurre es que hasta los 6-7 años los niños no tienen desarrollado del todo el razonamiento simbólico y por lo tanto, antes, es difícil que comprendan los signos lingüísticos (las letras) que forman las palabras.

Por lo tanto, atendiendo a todo lo anterior, y bajo mi punto de vista, lo ideal sería comenzar utilizando la ruta IDEOVISUAL O GLOBAL y poco a poco ir introduciendo la ruta FONOLÓGICA.

Visto esto, paso a desarrollar el material que he elaborado.

En este caso va dirigido a un niño que actualmente está cursando 1º de Ed. Infantil, por lo tanto va a cumplir 4 años. El material que he creado es personalizado, pero fácil de hacer.

Se trata de un libro sobre el niño y sus estados de ánimo. Por lo tanto lo primero que podemos decir es que, de entrada, el niño va a coger el material motivado ya que él es el protagonista de la historia.

Para hacerlo he utilizado cartulinas, velcro y lápices de colores. He plastificado todo para evitar que se estropee y he recortado las esquinas redondeadas para que el niño no pueda hacerse daño con ellas. Lo he encuadernado con dos anillas grandes de llavero.

Se trata de un material que combina las dos rutas, como el niño es muy pequeño he dado más importancia a la ruta global que a la fonológica. Esta última se utiliza al final del libro con el objetivo de que el niño empiece a reconocer las letras y sea capaz de ver la palabra, primero en su conjunto y más tarde dividida en las partes que la componen.


Otro dato a señalar es que debido a la edad, también he decidido escribirlo todo en mayúsculas ya que son las primeras formas que los niños tienen que aprender, además de que su grafía es más sencilla.

A continuación os muestro el material:




















Como podéis ver en las fotos el libro sigue la misma estructura en cada página, (exceptuando las dos últimas).

En cada página encontramos la frase fija "A VECES ESTOY" y una foto del niño mostrando un estado de ánimo.

El niño tiene que relacionar la foto con la palabra. Como método de ayuda al principio y autoevaluación después, he creado un código de colores: la frase fija tiene el mismo color que la ficha del estado de ánimo que corresponde a esa página. En un principio el niño se guiará siguiendo el código de colores, pero al final acabará reconociendo la palabra.

En la última página es donde se introduce la ruta FONOLÓGICA. Aparece la frase "AHORA ESTOY...", el niño tendrá que reconocer su estado de ánimo, ir a la página correspondiente, coger la ficha y pegarla en el velcro de la última página. Una vez ahí, tendrá que coger las fichas de las letras sueltas (que también tienen el código de colores) y siguiendo el modelo: formar la palabra.

Fuente: Desarrollo de las habilidades lingüísticas y lectoescritura. La Salle.

miércoles, 15 de mayo de 2013

ACTIVIDAD BLOQUE III: LEER Y NARRAR UN CUENTO


“Por cuatro esquinitas de nada” es el libro que he escogido para hacer la actividad del bloque III. Este libro, está recomendado para niños de entre 4 y 6 años. Tengo que decir que yo no conocía este cuento, y lo elegí porque me lo recomendaron, la verdad es que no se equivocaron porque el cuento me parece simplemente genial.

Entre las tres formas propuestas para transmitir un cuento a los niños: leer (reproducir literalmente de forma oral lo que está escrito en un texto), narrar (teniendo el libro delante, contarlo con tus palabras mientras enseñas a los niños las ilustraciones) o contar (contar el cuento sin mostrar las ilustraciones para fomentar en los niños la capacidad de imaginar); decidí que para empezar me sentiría más segura leyéndolo, además por diversas circunstancias, no tuve mucho tiempo para ensayar.

Ya en clase, cuando llegó mi turno, comencé a leer. Al finalizar, mis compañeras me dijeron que había estado bien, pero que quizá añadir alguna pregunta antes de empezar a leer fomentaría que los niños intentasen anticipar la historia. Sinceramente no me sentí cómoda del todo leyendo el cuento, ya que tenía como la necesidad de interactuar más “con los niños”. Así que decidí cambiar de estrategia, de la lectura a la narración.


Así, la segunda vez que lo hice comencé haciendo una serie de preguntas para introducir la narración: ¿Queréis que os narre un cuento?, ¿Queréis saber el título?, ¡El cuento va de cuadraditos y redonditos! ¿Qué cosas conocéis que sean cuadradas? ¿Y redondas?



Luego…comencé a narrar. La experiencia me pareció mucho mejor que la anterior, aun que ambas son válidas e igual de importantes, creo que la narración se me da mejor. En cada página intenté interactuar “con los niños”, haciéndoles preguntas, algunas para que intentaran anticipar la historia: ¿Qué creéis vosotros que van a hacer los redonditos? Y otras para que dieran su opinión sobre los acontecimientos: ¿A vosotros os parece bien que quieran cortar a cuadradito las esquinitas con un serrucho?, ¿Vosotros qué haríais?

Así, a partir de ese momento me dediqué a intentar mejorar la narración a medida que fui pasando por los distintos grupos, mis compañeras destacaron de mi forma de narrar, la entonación, el enlace entre página y página y la interacción con “los niños”.

No he tenido oportunidad de practicar con niños, ya que no he hecho prácticas ni tengo niños cerca, pero en un futuro, espero no muy lejano, cuando trabaje en un aula de infantil, a la hora de narrar un cuento, tendré en cuenta lo que he aprendido:

  • Antes de narrar: hacer preguntas a los niños para motivarles e introducirles en la actividad.
  • Durante la narración: interactuar con ellos, haciéndoles preguntas para anticipar y para pedirles su opinión. Cuidar el ritmo de la narración teniendo en cuenta la edad de los niños. Utilizar una entonación adecuada que les ayude a seguir la historia, les mantenga atentos y les haga disfrutar.
  • Al final de la narración: fomentar el diálogo entre los niños haciéndoles preguntas sobre el cuento. ¿Qué os ha parecido?, ¿Qué habríais hecho vosotros?...


En conclusión, esta actividad me ha parecido bastante útil ya que para aprender no hay mejor manera que el hacer, y si no la hubiera hecho no me habría dado cuenta de que se me da mejor narrar que leer, que es importante el ritmo y la entonación, y que interacción con los niños fomentará que se sientan partícipes en la historia.

martes, 14 de mayo de 2013

ADAPTACIÓN DEL CUENTO: "TODA CLASE DE PIELES"




Hace mucho tiempo atrás, en el Reino de Los Sauces Llorones, vivía una modesta familia de relojeros. Tom, el padre era el relojero real. Estaba casado con Clarisa, mujer a la que amaba y con la que había tenido una preciosa hija: Elia. Elia siempre estaba dispuesta a ayudar a su padre, él de vez en cuando le encargaba alguna tarea.

Un día, que en un principio parecía ser cualquiera, llegó a todos los rincones del reino la noticia de que la Reina esperaba un bebé, todos recibieron la noticia con alegría e ilusión y lo celebraron a lo grande. Pasados unos cuantos meses, la Reina dio a luz a una hermosa niña, la princesa Cristel. Todo parecía ir muy bien, pero a los pocos días la Reina enfermó y al sentir que iba a morir le dijo a su marido que debía volver a casarse, ya que si no lo hacía no tendría un heredero directo al trono.

-          No…por favor, no puedes hacerme esto, no me dejes…-Suplicó el rey entre sollozos.
-          Lo siento mucho Eliot. Prométeme que te casarás, y que la mujer a la que elijas para ser tu esposa será más bella que yo…- Contestó la reina con voz débil.
-          Pero mi amor, eso es imposible, tú eres la mujer más bella del mundo.
-          Prométemelo Eliot…- dijo la reina con su último suspiro.
-          Te lo prometo- Contestó el Rey,  llorando sobre el cuerpo ya inmóvil de su esposa- Te lo prometo…

La noticia cayó sobre los habitantes del reino como un cubo de agua fría:

-          ¡Qué desgracia!- Comentó el panadero.
-          ¡Pobre criatura! Sin madre nada más nacer- contestó la mujer del herrero.

El Rey Eliot estaba muy triste, tanto que apenas comía. Sus consejeros intentaban animarle, pero sin éxito.
Al cabo de varias semanas, una de las criadas fue a hablar seriamente con el Rey:

-          Su Majestad, comprendo que usted esté apenado, pero no puede continuar a así, ¡Por todos los santos, espabile! ¡Su hija le necesita! ¡Necesita no solo a su padre, sino también  una madre!

Rey no contestó, pero se dio cuenta de que aquella mujer tenía razón…Cristel le necesitaba, no podía seguir así.

-          ¡Consejeros!,¡Consejeros!- gritó Eliot- Organizad un baile real, invitad a todas las princesas en edad de casar de los reinos cercanos, necesito encontrar a la más bella de todas.

Ese mismo día, en la casa del relojero…

-          Tom, ¿Te encuentras bien?- preguntó Clarisa a su marido.- Tienes mala cara.-
-          Ciertamente no…creo que necesito descansar.- Respondió Tom.
-          Llamaré al doctor…- Añadió Clarisa.

Cuando el doctor llegó, Tom había empeorado, tenía mucha fiebre y estaba muy débil.

-           Doctor, haga algo por favor.- Suplicó Clarisa.
-     Clarisa…te voy a ser sincero, no tiene buena pinta. Tendríais que haberme llamado antes.- Dijo el doctor- Que se tome una cucharada de este jarabe cada 3 horas y mantén frio el paño de la frente, si empeora llámame.
-          Muchas gracias doctor…- Le despidió Clarisa.

Fueron pasando las horas y Clarisa únicamente se separaba de su marido para mojar el paño con agua fría.

-          Clarisa…llama a Elia, dila que venga- Dijo Tom con voz débil.
-          Tom, deberías descansar…además Elia está dormida, son las 4 de la mañana- Le contestó su mujer.
-          Clarisa por favor te lo pido…llama a Elia- Le pidió Tom.

Clarisa hizo lo que su marido le pidió, y fue a buscar a Elia. Elia entró en la habitación de sus padres preocupada.

-          ¿Qué ocurre? Papá, ¿Qué te pasa?- dijo Elia nerviosa.
-          Hija… solo quiero darte algo- Contestó Tom depositando en las manos de su hija un reloj de bolsillo de oro, que colgaba de una cadena del mismo material.
-          Papá… ¿Por qué?- Dijo Elia con voz temblorosa.
-          Eres mi niña…quiero que lo tengas tú, ahora vuelve a dormir.- Dijo Tom.

Elia obedeció a su padre, y se fue a dormir. Tom no mejoró y a los pocos días murió.

La noche del baile real fue espectacular, vinieron las princesas más bellas de los reinos cercanos, cada una con un vestido más bonito que la anterior. Pero por desgracia, el Rey Eliot no encontró ninguna más bella que su difunta esposa.

Eliot sabía que no debía rendirse, así que pidió a sus consejeros que organizaran un baile aún mayor, y que invitaran a todas las princesas en edad de casarse del mundo entero. Ese baile fue aún más espectacular que el anterior, acudieron hermosas princesas de todo el mundo: La princesa Kia de África, la princesa Sui del Lejano Oriente,  la princesa Virnia de Rusia, La princesa Luna de las Selvas Americanas…Todas, absolutamente todas, las princesas del mundo. Pero aun que parezca increíble, ninguna era más bella que La Reina.

El Rey Eliot no quería darse por vencido…pero no sabía que más hacer. Un día, cuando pensativo miraba por la ventana de su dormitorio, desde donde veía todo su reino, la vio. Era una joven hermosa, con un largo cabello negro azabache, que paseaba despreocupada por las calles de su reino. ¿Quién era?

El Rey mandó a uno de sus consejeros a averiguar quién era aquella joven. A las pocas horas, el consejero regresó con la información que su rey le había pedido:

-      Majestad, la joven por la que pregunta se llama Elia, es la hija del difunto relojero real.- Dijo el     consejero.
-          ¿La hija de Tom?- Se sorprendió el Rey.- Vaya…es muy hermosa. Hazla venir.- Ordenó.
-          Su Majestad…esa muchacha ni si quiera es de la nobleza…no sé si es una buena…
-          ¡Me da igual!- Le interrumpió el Rey.- He buscado por el mundo entero, a mi Reina le prometí que me casaría con una mujer más bella que ella, no con una princesa. Hazla venir, ahora.
-          Si, su Majestad.

A los pocos días…

-          ¡No mamá! Por favor…no me obligues a casarme con el Rey, no quiero, yo quiero casarme con alguien a quien ame de verdad.- Gritó Elia.
-          Hija mía por favor…entra en razón, desde que murió tu padre apenas tenemos para comer.- Le explicó Clarisa.
-          Prefiero trabajar de sol a sol y casarme por amor que vivir siendo reina y casarme por dinero.- Replicó Elia.
-          Elia, no es discutible, te vas a casar y punto…lo siento hija.- Concluyó Clarisa.

Elia corrió hacia su habitación, se tumbó en la cama y empezó a llorar desconsoladamente. Su madre entró y le pidió que se preparara, ya que una hora después partirían hacia el palacio, donde vivirían el resto de su vida.

-          Deberías dar las gracias y sentirte afortunada…- Murmuró Clarisa.
-          ¿Cómo te habrías sentido tú si no te hubieran dejado casarte con papá?- Replicó Elia.
-          Recoge tus cosas, nos vamos.- Añadió Clarisa ignorando la pregunta de su hija.

La vida en palacio era una vida ideal, Elia tenía todo lo que jamás había podido imaginar: joyas, vestidos, zapatos…todo. Pero no era feliz.

A los pocos días, el Rey Eliot le pidió matrimonio:

-          Elia, eres la mujer más hermosa del mundo. Cásate conmigo.
-       Ehh…su Majestad…sería un placer, pero aún no me siento una princesa de verdad, para sentirme una princesa necesitaría tener tres vestidos: un vestido tan dorado como el sol, un vestido tan plateado como la luna y un vestido tan brillante como las estrellas.- Improvisó Elia con el objetivo de aplazar el enlace.
-          Como quieras mi princesa, haré hacer esos vestidos para ti.

Así el Rey Eliot mandó traer los hilos de oro fino más caros del mundo, los hilos de plata fina más cara del mundo, y los diamantes más brillantes del mundo, contrató a los modistos y a los sastres más prestigiosos de la zona y mandó hacer los 3 vestidos para su princesa.


A los pocos meses el Rey ya tenía los vestidos:

-          Elia, aquí tienes los 3 vestidos que me pediste, espero que te gusten y que con ellos te sientas como una princesa de verdad.- Dijo el Rey.
-          Majestad…son preciosos, son más bonitos de lo que jamás pude imaginar, pero para sentirme como una princesa de verdad necesito tener algo más especial: un abrigo hecho con las pieles de todos los animales del mundo.- Contestó Elia.
-          Pero Elia, para mí ya eres una princesa, no necesitas nada más.- Dijo el Rey.
-          Por favor…- Suplicó Elia-
-          Está bien, si eso es lo que quieres haré que lo tengas.- Concluyó el Rey.

El rey mandó conseguir un pequeño trozo de piel de cada especie animal del mundo, al tener que unir todas para hacer un abrigo tenían que ser pedacitos muy muy muy pequeños. Tardaron meses en conseguir todos los pedacitos y varias semanas en coserlos, hasta que por fin crearon el abrigo de toda clase de pieles.

-          Elia, aquí tienes el abrigo hecho de toda la clase de pieles de los animales del mundo, espero que te guste, y que con él te sientas como una princesa de verdad- Dijo el Rey.
-          Gracias Majestad, es realmente precioso…- Contestó Elia, sabía que no podía seguir pidiendo cosas eternamente.
-          Entonces, ¿Te casaras conmigo princesa?- Preguntó el Rey.
-          Si, majestad.- Contestó Elia.

Esa noche Elia no conseguía dormir, no dejaba de pensar que iba a casarse con un hombre al que no amaba, que iba a ser infeliz el resto de su vida. Entonces, bien entrada la noche tomó una decisión: cogió los tres vestidos, el reloj que le había regalado su padre, se puso el abrigo de toda clase de pieles y huyó de palacio.

Corrió por el bosque hasta el amanecer, ya que debía alejarse todo lo posible de palacio porque estaba segura de que cuando el Rey se percatara de su ausencia ordenaría buscarla. Cuando estaba a punto de desfallecer de cansancio llegó a las puertas de otro reino, no podía permitir que alguien la viera, así que entró sigilosamente y se escondió en un pajar, donde a escondidas vivió durante varios días.

Una tarde, cuando Elia salió en busca de comida, oyó los cascos de varios caballos que cabalgaban hacia ella a gran velocidad, así que se echó a un lado y se ocultó entre unos arbustos tapándose con su abrigo de toda clase de pieles. Cuando los caballeros pasaron a su lado, Elia se dio cuenta de que era la caballería real, y que el joven que iba con ellos tenía que ser el príncipe. Era tan guapo que Elia se enamoró de él nada más verle…

Pero, ¿Qué podía hacer para que se fijara en ella? Llevaba días viviendo en un pajar, tenía el pelo sucio y sus ropas andrajosas…así el príncipe jamás se fijaría en ella.

Al día siguiente, mientras Elia desayunaba unos frutos que había encontrado en el bosque, resonaron unas trompetas:

-          ¡Atención! ¡Atención! Sus Majestades los Reyes han organizado un baile para encontrar una esposa al príncipe, todas las jóvenes de la nobleza en edad de casar han de acudir a la fiesta que se celebrará mañana por la noche en el palacio.- Anunció el mensajero real.

¡Elia no podía creérselo! Era su gran oportunidad, no podía dejarla pasar. A la mañana siguiente bajó corriendo al río, allí se bañó y se lavó bien el pelo. Durante el día se dedicó a arreglarse para el baile, se cepilló la melena y se arregló las uñas lo mejor que pudo con lo poco que tenía. Tenía que hacer todo lo posible para parecer una verdadera princesa.

Al llegar la noche, Elia se puso el vestido tan dorado como el sol, se colgó su reloj de oro y se dirigió a palacio. No tuvo ningún problema para acceder, ya que una joven con un vestido así sin duda tenía que ser de la nobleza o incluso una princesa, pensaron los guardas. Cuando entró en el gran salón real todo el mundo se giró para mirarla, estaba espectacular, el vestido era tan dorado que casi había que entornar los ojos para mirarlo directamente.

El príncipe quedó alucinado con la belleza de la joven, nunca antes había visto a una mujer tan hermosa. Pero como aquella noche tenía que atender a tantas damas no pudo acercarse a Elia…y cuando la buscó, ya se había marchado.

Al día siguiente en palacio:
-          Madre, tenemos que organizar otro baile, de las damas que conocí anoche no me gustó ninguna- dijo el príncipe.
-          Está bien hijo, si es necesario hacer otro baile para que encuentres a la joven que quieres que así sea, yo lo único que quiero es que encuentres a alguna, que ya va siendo hora. - Contestó la Reina.
-          Lo sé madre…pero es que yo quiero casarme con una mujer a la que ame de verdad.- Replicó el príncipe.

Esa misma noche, Elia se puso su vestido tan plateado como la luna, se colgó su reloj de oro y se dirigió a palacio, cuando entró en el gran salón el príncipe la vio:

-          Vaya…está casi más hermosa que ayer…- pensó.


El príncipe se acercó a Elia, no podía permitir que le pasara lo mismo que la noche anterior, esa noche solo tenía ojos para Ella. Sin decir ni una palabra, el príncipe tomó su mano y la llevó al centro de la pista, bailaron durante toda la noche sin dirigirse ni una sola palabra, solo con la mirada era suficiente.


Al final de la noche, el príncipe tenía claro que era aquella joven con la que quería compartir el resto de su vida:

-          ¿Me dirás tu nombre?- susurró el príncipe sonriendo.
-          No sé, no sé…me duelen tanto los pies que se me ha olvidado- bromeó Elia.
-          Pues tendrás que quitarte los zapatos…necesito saber tu nombre para presentarte a mis padres.
-          Ehh… ¿A tus…padres?-  titubeó Elia. ¡No se lo podía creer!
-          Si, a mis padres, ellos son los reyes, yo soy el príncipe, estás en el palacio… ¿Lo recuerdas?- Bromeó - ¡Pues sí que te deben doler los pies si!
-          Me llamo Elia.
-          Vaya, tu nombre es casi tan bonito como tú.- Dijo el príncipe haciendo sonrojar las mejillas de Elia.- Mañana por la noche ven a cenar conmigo y con mis padres, tienen que conocerte, les vas a encantar.

Al día siguiente Elia estaba muy emocionada, soñaba despierta con el baile, con el príncipe, y con cómo sería esa noche. A las ocho y media, Elia ya estaba a las puertas de palacio, llevaba puesto su tercer vestido, un vestido tan brillante como las estrellas. Cuando el príncipe la recibió, pensó que estaba incluso más bella que la noche anterior.

La cena transcurrió en un ambiente tranquilo y relajado, como Elia había pasado varios meses viviendo en el palacio del Reino de los Sauces Llorones había aprendido a comportarse casi como una auténtica princesa. Pero entonces, cuando una de las criadas iba a servir el postre, accidentalmente tiró la bandeja con las cucharillas al suelo, Elia que estaba a su lado, en un acto reflejo se agachó a recogerlas. Este gesto sorprendió al resto de los comensales, ya que una princesa jamás habría hecho eso, pero nadie dijo nada.

Después de la cena, los dos jóvenes pasearon por los jardines de palacio a la luz de la luna, estaba siendo una noche perfecta.

-          Elia, ¿Puedo hacerte una pregunta?- dijo el príncipe.
-          Claro.- Contestó Elia.
-          ¿Por qué te has agachado a recoger las cucharillas?- preguntó el príncipe.
-         Eh…- A Elia la pregunta la pilló por sorpresa.- Pues…no sé, por ayudar supongo…- contestó nerviosa.
-          Eso no es propio de una princesa…- dijo el príncipe con tono serio.
-          La verdad…es que no soy una princesa.- Confesó Elia dando por perdido su sueño y su amor.

Se sentaron en un banco de piedra, y Elia le contó toda la historia al príncipe, que la escuchaba con atención y sin interrumpir.

-          Ahora supongo que querrás que me vaya- dijo Elia mirando al suelo y aguantando las ganas de llorar.
-        Elia…me has ocultado la verdad, pero al igual que tú, yo también quiero casarme por amor, y aun que no seas una princesa, eres la mujer de la que estoy enamorado.- Dijo el príncipe cogiendo su mano.- ¿Puedo hacerte otra pregunta?- Añadió.
-          Si…- dijo Elia levantado la mirada.
-          ¿Te quieres casar conmigo?- dijo el príncipe.
-         Nada en este mundo me haría más feliz.- Contestó Elia dejando ahora sí, caer una lagrima por su mejilla.

FIN

La adaptación que he hecho del cuento Toda clase de pieles es la siguiente:


  • He eliminado el hecho de que sea la hija del Rey la elegida para ser esposa del mismo, ya que no considero apropiado meter el incesto en un cuento para niños. Por ello la he sustituido por la hija de un habitante del reino.
  • He mantenido el objetivo del Rey, encontrar una mujer más bella que su difunta esposa.
  • He mantenido la pérdida de un familiar por parte de la protagonista.
  • He mantenido la solicitud de la protagonista, con el objetivo de aplazar la boda, de los tres vestidos y el abrigo de toda clase de pieles.
  • He mantenido el regalo del familiar, pero he sustituido el anillo, la medalla y el colgante por un reloj de bolsillo.
  • He mantenido la huída de la protagonista del palacio con el fin de evitar el enlace.
  • He mantenido el ocultamiento de identidad, pero los he invertido: en vez de ser una princesa que se hace pasar por plebeya es una plebeya que se hace pasar por princesa.
  • He mantenido que la protagonista se enamora del príncipe y que mediante una serie de tretas logra acercarse a él.
  • He mantenido el final feliz en el que la protagonista logra lo que quiere: casarse por amor.